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Datos de Observación IV

La Brida
Por Mª del Tura Sala

¿A quién no le ha pasado alguna anécdota, cuando llega el momento de poner la brida al caballo?
¿O, cuanta gente desconoce las partes de la brida y de qué manera, se ajusta a la cabeza del caballo?

Aunque algunos no lo penséis, el caballo nos empieza a juzgar desde el momento en que le vamos a poner la cabezada. Nos esta poniendo a prueba. Dependiendo de cómo pongamos la cabezada, el caballo sabrá si nos puede tomar el pelo o no. Se hace una idea de nuestro carácter, de nuestras maneras, si somos expertos o inexpertos; Aunque parezca que está jugando con ventaja, se tiene que sacar provecho de esta situación, se trata de prestar atención, ya que nuestra "torpeza" también nos demuestra su carácter. NO HAY REGLAS, SOLAMENTE OBSERVACIONES QUE NOS FAVORECERAN.

Hay caballos, que ponen toda su voluntad, para ayudar, nos abren la boca, bajan la cabeza. Muchos tampoco protestan cuando se lo ponemos mal, aunque le esté haciendo daño, pero hay otros que sí.

Hay caballos que parecen que se hayan olvidado que estamos a su lado, nos muestran una indiferencia intolerable en esos momentos; en la pista, más de una vez harán lo mismo cuando estemos trabajando. Esta indiferencia probablemente es la que han recibido de sus cuidadores o jinetes.

También están los que parecen que sean jirafas, levantan la cara y el cuello hasta el punto de que tenemos que estirarnos por que no llegamos. Se giran, intentan comer del suelo, etc. Esta impertinencia, la sacarán cuando se cansen de que no nos salgan los ejercicios. Son caballos que se han cansado de la lentitud en equiparlos o el aburrimiento que comporta.

¿Pero por qué los caballos actúan así? La respuesta la encontraríamos en las manos del hombre. Se le pone una embocadura en la boca y muchas veces no tenemos el más mínimo cuidado, el caballo cuando nos ve acercarnos con la brida, la asocia con el daño, la negligencia, el dolor y el miedo.

Muchas veces los caballos se cansan de repetir los mismos ejercicios, de que no salgan bien por no dar las ayudas correctas, de dar demasiadas ayudas contradictorias, queremos hacer demasiadas cosas a la vez, y llega un momento en que el caballo desconecta de nosotros y empieza a “pensar” o a decidir hacer otra cosa: irse al box, irse por otro camino, etc. Muy pocas veces, tiene la culpa el caballo, y por eso, cuando se le quiere poner la brida, él se acuerda de lo trabajado el día anterior, o la última vez que se le puso. Si se puso con brusquedad, no vamos a esperar que nos abra la boca. No creo que lo hiciéramos nosotros si la ultima visita al dentista hubiese sido un poco traumática. El caballo reacciona del mismo modo.

Las malas experiencias del caballo son innumerables, y tenemos que acercarnos con delicadeza, no importa que seamos inexpertos, el caballo comprende y aguanta una situación si nota calma por nuestra parte, pero si nos comportamos con miedo y prisa para salir de la situación cuanto antes, al caballo lo asustaremos más.

Antes de poner la brida, tenemos que saber cual es la que le va al caballo, que hierro, y si es de la medida adecuada
Vayamos por partes:

¿Cómo es el caballo? Es sensible de boca, qué hierro lleva normalmente o como monta el antiguo propietario, o de donde viene y qué manos le han llevado, es imprescindible conocer estas cosas para no tener una mala experiencia; Si a un caballo que va con filete, le ponemos más hierro y no se tienen unas buenas manos, podemos encontrar que el caballo se nos ponga de manos a la hora de montarlo, y nos dará una impresión equivocada de su carácter.

O por el contrario, si el caballo va con un hierro fuerte y le ponemos un filete, cuando galopemos, tal vez el problema lo tengamos al querer parar. Mi consejo es que al galopar nunca dejemos de tener el caballo en la mano. ¿Estamos capacitados, por nuestra experiencia en el montar, para utilizar una cabezada de filete y bocado? ¿Tenemos unas manos suaves? O por el contrario pensamos que las riendas nos aguantan para no caernos, queremos un control del caballo sin importarnos si podemos hacerle daño, o queremos un control del caballo desde nuestro aprendizaje para controlarlo.

Otra cosa indispensable: no se puede comprar una brida sin saber si le va al caballo, y si no se tiene claro, se pide opinión, que no es ninguna vergüenza ni rebajarnos, sino que es una manera de querer hacer las cosas bien. Así mismo también tenemos que tener claro la embocadura que le pondremos, que una vez que se trabaja se puede cambiar por otra, si al caballo no le va, pero siempre es mejor ponerle un filete ante cualquier duda.

PARTES DE LA BRIDA
COMO SE EMBRIDA EL CABALLO

Se desabrocha la cabezada de cuadra, y se le ata al cuello floja, para que el caballo no se vaya. Tenemos que estar en la parte izquierda del caballo. Con la mano izquierda coge la brida por la parte de arriba, osea por la testera, y pasa las riendas por la cabeza hasta el cuello. FÍJATE que las riendas no se te hayan quedado torcidas, que la que sale del lado izquierdo esta a la izquierda del cuello y viceversa con la derecha; ahora uno se tiene que poner de tal manera que nuestro hombro derecho esté al lado del caballo mirando hacia delante y se pasa el brazo derecho por debajo de la cara y cuello hacia el otro lado del caballo. Con la mano se juntan los dos montantes de la Brida y se apoya la mano encima del hueso nasal, para tener control de la cabeza, por si el caballo quisiera girar la cabeza o no se dejara poner la brida. Con la mano izquierda se pone la palma plana mirando hacia arriba, apoyando la embocadura y dejando libre el dedo pulgar, deslizando suavemente hacia arriba la brida, hasta que lleguemos a los labios del caballo. Justo en la comisura, se pone el dedo pulgar dentro apretando suavemente las encías para que abra la boca. Si se pone el pulgar más a la derecha o más a la izquierda, el caballo nos puede morder, pero justo en la comisura, que es donde va la embocadura, no hay peligro, así que tenemos que poner el dedo recto.

Una vez nos abra la boca subimos la brida hacia arriba y pasamos las orejas por la testera, se retira el pelo o copete de debajo de la frontalera. Antes de abrochar, mira si todo esta plano, que no toque ninguna parte al ojo derecho del caballo, ya que es el lado que no se ve; más adelante lo notarás solo con pasar la mano.

Empieza atando el ahogadero, sin apretarlo. Tiene que quedar un poco holgado, hace la función de sujetar la brida. Después la muserola, que tiene que estar encima del hueso nasal, no cerca de los ollares. Para ponerla a la medida se utilizan los números para hacerla más pequeña abrochando hacia arriba y para hacerla mas grande bajando los puntos. La muserola no tiene que ir muy apretada, que pase un dedo. Después, en función de como trabajemos con el caballo, esto se puede variar.

Hay veces que la embocadura lleva una cadenilla, esta se sujeta en la parte izquierda ,siempre dandole vueltas para que se nos quede plana. No se tiene que apretar fuerte, ni dejar que cuelgue ya que no nos serviría para nada.

También hay el cierrabocas, que va justo encima de la muserola pasando por la comisura de los labios justo donde empieza la embocadura “siempre por fuera de la boca” y que se abrocha donde empieza, mirando el caballo de frente, a la parte derecha, dejando la hebilla arriba, no abajo, ya que si se abriera se nos podría caer y lo perderíamos.

Un truco para que el caballo no sufra y no se asuste cuando nos vea acercarnos con la brida, es cogerla y desabrochar unos cuantos puntos, sobre todo de los montantes que van de la embocadura a la testera. También se desabrochan dos o tres números de la muserola, de esta manera si vemos que le va a apretar, la quitamos sin haber ocasionado ningún sobresalto al caballo. Si vemos que le va bien, empezamos a ajustarla a la cabeza.

Es mejor no dejar nunca al caballo solo cuando tiene la brida puesta, aunque lo tengamos atado con la cabezada de cuadra. Es importante, si tenemos que irnos un momento, que desabrochemos la tira del ahogadero y cojamos las dos riendas, y volvamos a abrochar, así evitaremos que, si el caballo agacha la cabeza, se le caigan las riendas y las pueda pisar. Eso ocasionaría un desagradable incidente para el caballo, que le podría causar desagradables heridas y el asustamiento del animal, y peligro para las personas que pudiesen estar al lado. NO sujetar con las riendas al caballo en el cordel de la anilla de la pared, el resultado seria el mismo.

TU SEGURIDAD Y LA DEL CABALLO ESTÁ EN QUE SE PIERDA UN POCO DE TIEMPO PARA HACER LAS COSAS BIEN.

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