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Un día en las carreras.


Sandown

En mi último viaje a Inglaterra tuve la suerte de poder asistir a las carreras de Sandown. La última vez que estuve en las carreras fue hace casi 30 años cuando visité Caterick, una pista pequeña en el norte de Inglaterra. Era un día humedo y lluvioso y no había donde resguardarse.

Esta vez fue completamente diferente, Sandown es una de las mejores pistas de carreras y era un día de primavera típicamente inglés, el sol brillante a través de nubes de algodón. Cuando nos acercábamos nos encontramos metidos en un embotellamiento ya que muchas personas habían tenido la misma idea. Al final llegamos justo antes de que comenzara la segunda carrera.

El aparcamiento estaba en el centro de la pista, compartido con un campo de golf que se cerró ese día, supongo que para evitar un golpe involuntario de alguna pelota perdida a los caballos. Los coches estaban aparcados de manera que permitían a los dueños tener sus pic-nics, y había bastantes que aceptaron la propuesta.


En el otro lado de la pista estaban las gradas, donde, para entrar, teníamos que pagar entradas. Bajo ellas se encontraban los restaurantes, bares el "tote", un sistema gubernamental de apuestas. Fuera, justo al lado de la pista, se encontraban los "bookies" (corredores de apuestas) con sus pizarras exhibiendo las apuestas para la próxima carrera, y según aceptaban apuestas, cambiaban cuánto pagarían por ellas. Una de mis desilusiones fue comprobar que ya no usan las señales de brazos tan típicas de los antiguos "bookies". Para comunicarse el uno con el otro, ahora utilizan teléfonos móviles y ordenadores. Tras nuestra larga espera en el embotellamiento, todos nosotros necesitábamos una pinta, que nos fue servida en un vaso de plástico. La tragamos rápidamente y nos acercamos al 'Premier' (nueva entrada a pagar). Aunque este área todavía estaba en las gradas, la diferencia era enorme...¡aquí teníamos vasos de cristal!

Ahora ya podíamos salir al centro del desfile donde se muestran los caballos antes de la salida de una carrera, y para el mejor preparado, el mozo gana un premio de aproximadamente 150 euros. Después de mirar a todos los participantes en la siguiente carrera, me decidí por uno al que apostaría mi dinero.

Así que entonces fui a la fila de corredores de apuestas para ver quién ofrecía el mejor precio. Puse mi apuesta y luego sería el favorito. Los caballos entraron en la pista y fueron a medio galope hasta la línea de salida. Me acerqué a la línea de llegada y vigilé en una pantalla enorme cómo volaban desde las verjas de salida. Cuando pasaron la línea de llegada por primera vez me dí cuenta de lo rápido que iban. Cuando llegaban hacia el poste de meta por segunda y última vez, el rugido de la muchedumbre comenzó a crecer según apremiaban a los caballos por los que habían apostado y cuando cruzaron la meta, fueron saludados con gritos de alegría o decepción, dependiendo de cómo la gente había apostado. Mi caballo al final ganó. Fue mi único ganador de la tarde, y la sensación de excitación realmente podría ser adictiva.

Las carreras eran cada media hora, y así iba yo primero al desfile, pasaba por la taberna, y volvía fuera a poner una apuesta. Aunque todas las carreras eran en llano, había una gran variedad. Una para yeguas que nunca han ganado una carrera, una para caballos de dos años con una distancia más corta, y luego la mayoría de carreras para animales jóvenes. En el "handicap", donde cada caballo tiene que llevar peso extra, las yeguas tienen ventaja sobre los machos, y dependiendo de las carreras que han ganado, el peso puede ir incrementándose. La razón es tratar de hacer que todos los caballos crucen la meta al mismo tiempo.

Fue un día agradable, uno que trataré de repetir la próxima vez que esté cerca de una pista.

Los dueños de Sandown han gastado 23 millones de libras en mejoras en el último par de años, y las gradas acogen casi 8.000 personas. No está lejos de Londres, pero si vas en coche, ¡asegúrate de salir con bastante tiempo!.

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