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La Ansiedad de la separación equina

La ansiedad por separación en caballos puede ser un verdadero problema para sus dueños. Pero hay algunos pasos que se pueden dar para mejorar esta situación.

Todos sabemos a que los caballos no les gusta tener que separase de sus amigos y quedarse solos. Esto puede causar, bien para los jinetes y también para el que lo lleva de la mano, que aparezcan unos problemas, desde cosas simples y pequeñas hasta verdaderos rompecabezas. ¿Así que, por qué ocurre y que podemos hacer para prevenirlo?

Recuerdo que una de las primeras cosas que me enseñaron sobre los caballos fue que no les gusta estar solos. La Madre Naturaleza los creó para que viviesen en manadas donde comparten sus necesidades. Una de ellas es la amistad íntima con otro caballo. Humanos y otros animales, pueden hasta cierto punto, ser una substitución para el caballo, pero nada gana a la compañía de otro de su misma especie.

Habiendo dicho esto, algunos caballos se llevarán mejor con unos que con otros. Es igual que tú, puede que tengas gente que sean tus amigos, otros que son compañeros (gente con la que entablas conversaciones, etc. Pero sin llegar a ser tu amigo) y otra con la que ni siquiera hablarías.

Un caballo tendrá a su mejor amigo, con el cual estará la mayor parte del tiempo posible, limpiándose mutuamente, jugando, comiendo juntos, etc. Normalmente los caballos eligen a otro equino de altura y edad similar, y mismo sexo.

Estas relaciones pueden darse por varias razones. Puede que hayan vivido mucho tiempo juntos, o puede que se encuentren por circunstancias parecidas cuando se enfrentan a algo nuevo o diferente.

Soluciones para las separaciones

Sabemos que las relaciones pueden formarse muy rápidamente. ¿Qué podemos hacer para prevenir los problemas que conllevan estas amistades?

Si es posible, es mejor que mantengas a tu caballo con un grupo pequeño, antes que con solo un individuo. De esta manera, aunque se formen relaciones muy íntimas, no suele haber problemas a la hora de separarlos. Los caballos saben, que cuando uno de ellos se vaya del grupo durante un corto periodo de tiempo, volverá. Solemos visitarlos regularmente en la campa, bien para cogerlos, o simplemente para ver como están. Como resultado, la aparición de un humano no significa necesariamente que uno de los caballos vaya a ser sacado de la campa, y por ello la manada suele estar tranquila mientras andamos entre ellos.

Si no puedes tenerle en un grupo, tendrás que acostumbrarle a que no es tan malo separase del grupo como parece.

Paso a Paso

Con este método lo que pretendemos es que el caballo se de cuenta gradualmente de que no hay ninguna razón por la que temer cuando se separa de su compañero. El proceso entero puede llegar a durar semanas, así que sé paciente y acepta el hecho de que quizás no puedas montar a tu caballo en un tiempo. Pero el tiempo invertido valdrá la pena.

Si es posible, pídele al dueño del mejor amigo de tu caballo que te eche una mano. Será más seguro y más fácil si sois dos.

  1. Entra a la campa y coge a uno de los caballos (no cojas al otro caballo a menos que tengas permiso de su dueño). Si alguno de los caballos padece de una ansiedad seria, puede que empieces a notarlo en esta etapa. Tendrás que acostumbrarle a ser cogido y a que tu entrada a la campa no signifique que vaya a ser alejado del grupo, de esta manera no te asociará con tener que separarse de su amigo. Para conseguir esto será mejor que lo hagas a diario, hasta que él se lo tome con total naturalidad.

  2. Ahora puedes empezar a dirigir a tu caballo hacia la entrada. Esto puede ser suficiente para que su compañero se preocupe, así que no le saques de la campa hasta que los dos parezcan estar contentos. También puedes acostumbrarle a salir de la campa y a quedarse fuera, a distancia de contacto con su amigo, y luego volverle a meter. Al igual que lo anterior, hazlo hasta que los caballos vean que no hay de que preocuparse, ya que se vuelven a juntar enseguida.

    Sé consciente en cuanto a la seguridad. Puede que el caballo que es dejado solo en la campa intente salir detrás del tuyo, o incluso llegar a intentar saltar la verja. Si esto ocurre, significa que lo estas haciendo demasiado rápido.

  3. Incrementa poco a poco el tiempo que los caballos permanecen separados, procurando que el que se queda solo no intente hacer ninguna locura. Podrías dar a los caballos un poco de comida mientras están separados, pero aún así, manteniéndolos a la vista.

  4. Ya es hora de que lleves a tu caballo fuera de la vista de su amigo. Comienza haciéndolo durante unos minutos y después vuelve a la campa. Aumenta el tiempo que están fuera de la vista gradualmente

Mientras que no intentes progresar con demasiada rapidez durante las etapas, no tendrás ningún tipo de problemas a la hora de separarlos.

Si el caballo se preocupa cuando no está su amigo, galopa como un loco por la valla, se pone chulo y empieza a relinchar, es conveniente que intentes hacer el proceso anteriormente comentado.

Lo que tienes que recordar a la hora de realizarlo, es que por muy pequeños que parezcan los pasos para ti, puede que no lo sea así para tu caballo, y por eso es conveniente que se tomen su tiempo.

Estudio del caso

Las amistades entre caballos pueden llegar a ser muy intensas, pero la más fuerte suele ser la que se forma entre madre y potro. Cuando los separamos puede llegar a ser una etapa muy traumática para ambos, y si esto no se hace bien, puede manifestarse más tarde en el comportamiento del caballo.

Cuando destetamos a nuestro último potro, lo intentamos hacer lo menos estresante posible, y por eso lo hicimos a lo largo de los siguientes pasos. También tenemos que decir que cuando lo hicimos, el potro tenía siete meses y medio, una edad bastante tardía para realizar este proceso.

  1. Como de costumbre, trajimos a la yegua y al potro de la campa, y metimos al potro en la cuadra habitual, dejando a la madre fuera. Les dimos a ambos comida: la yegua comía de un comedero enganchado de la puerta para que pudiese ver al potro y viceversa. Un vez habían acabado de comer, metíamos a la yegua en la cuadra con el potro.

  2. Después de unos días haciendo esto, metimos al potro en la cuadra habitual y a la madre en la de al lado (separadas por una pared de 1.10m y rejillas). Esto significaba que se podían ver y oler. Al principio el potro se mostró un poco inquieto, pero la presencia de la comida le ganó en cuestión de segundos. Una vez habían acabado de comer volvimos a juntarlos

  3. Gradualmente aumentamos el tiempo que transcurría entre que acababan de comer y eran puestos otra vez juntos.

  4. Cuando los dos estaban totalmente relajados con este proceso, trasladamos a la yegua a una cuadra más lejana. Se seguían viendo y esta vez ninguno de los dos demostró ningún tipo de señal de preocupación por la separación.

  5. Poco a poco aumentamos el tiempo que pasaban en cuadras totalmente separadas, suministrándoles heno para que pasasen el tiempo mientras observaban las actividades de las cuadras.

  6. El proceso entero duró unas tres semanas y terminó cuando llevamos a la yegua a otros establos durante un mes. Hicimos la rutina diaria, pero en vez de meter a la yegua en la cuadra lejana, la subimos al van. Yo la llevé al otro picadero mientras que mi marido y mi hijo echaban un vistazo al potro. Al principio estuvo un poco nervioso, pero al de unos minutos se tranquilizó y comenzó a comer su heno como si se tratase de un día normal.

Cuando el potro regresó a la campa, tenía a los amigos de siempre con los que pasar el tiempo, y la yegua estaba en un lugar donde había vivido antes, donde la gente le era conocida, así que a ninguno de los dos les pareció preocupar demasiado eso de estar el uno sin el otro.

Siguiendo este proceso no hemos tenido ningún problema, no como en esas historias que se oyen de potros tirándose contra la pared de la cuadra y llamando continuamente a sus madres.

Este artículo es una traducción de un artículo escrito por Lesley Bayley.

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