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Corre caballo corre
El curador Alfonso Morales dice con entusiasmo que a caballo se ha recorrido un largo trecho del incierto trayecto que llamamos historia, y que las antiguas órdenes del mundo, la expansión de sus territorios, la acumulación de sus riquezas, no se explicarían sin el empuje de los corceles, las nobles bestias que el hombre domesticó para el trabajo, la guerra y el entretenimiento. Morales es el curador de la muestra fotográfica Corre caballo corre, que se inaugurará el próximo 11 de marzo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, como parte de las actividades plásticas del XX Festival de México en el Centro Histórico, y con la que se intenta explicar la larga y profunda fascinación que existe en el mundo entero por la figura del caballo. El también director de la revista Luna Córnea explica a Crónica que la muestra reúne el trabajo de fotógrafos como Eadweard Muybridge, Edward S. Curtis, Butcher D. Solomon, Brassaï, Manuel Ramos, Josef Koudelka, Abel Briquet, Christian Staub, Mariana Yampolsky y Manuel Alvarez Bravo, quienes ilustran algunos de los caminos que ha tomado el corcel como modelo y representación visual, tanto en documentos históricos como en creaciones artísticas. Si entendemos al caballo como musa del movimiento y a la fotografía como una pretensión de retener o inmortalizar, quizá en esta interlocución visual estén muchas de las razones por las que hay tantas imágenes de caballos a lo largo de la historia de la fotografía e incluso de la cinematografía, señala el curador. En Corre caballo corre se presentarán más de cien imágenes, desde finales del siglo XIX y hasta la época actual, que pertenecen en su mayoría a las colecciones fotográficas de Fundación Televisa, y en las que destaca la presencia del corcel a nivel metafórico, como compañía, como presagio, como visitación, así como los caballos de un carrusel al ras del suelo, cubiertos con una lona, como los presenta la imagen memorable de Alvarez Bravo. La fotografía, abunda Morales, ha buscado mucho al caballo, a veces a caballo la propia fotografía, no tanto como modelo sino como herramienta para el fotógrafo, como sucedía en el siglo XIX en el caso de artistas como Edward S. Curtis y Butcher D. Solomon. Aunque la exposición no pretende contar la historia de las relaciones posibles entre caballo y fotografía, sí busca rebasar lo literal de aquellas imágenes del caballo retratado, aclara Morales. Cabalgata fotográfica. La exposición abre con una sala dedicada a Eadweard Muybridge, quien dio origen a la fotografía analítica a finales del siglo XIX, a través de un estudio al que tituló Locomoción animal . Hay otra sala dedicada a revisar los trabajos de Jules Etienne Marey, quien junto con Muybridge son los dos grandes fotógrafos que indagaron sobre el movimiento, el primero de ellos creador de la Cronofotografía, sin la cual muchas de las cosas que ahora nos resultan comunes no serían posibles. Uno espacio más estará dedicado a revisar a dos autores norteamericanos, Edward S. Curtis y Butcher D. Solomon, quienes trabajaron utilizando la fotografía como registro de comunidades o de tribus en proceso de extinción, con una estética de la cual se alimentó después el cine de western. La siguiente sección estará destinada a la Revolución Mexicana, e incluye una pequeña historiografía de cómo fue registrado el 6 de diciembre de 1914 por fotógrafos como Casasola y Manuel Ramos, además de cineastas o documentalistas como los que trabajaron para Toscano. En esta sala se confrontan algunos de los iconos más conocidos de Francisco Villa, como las imágenes del Archivo Casasola, con otros que son prácticamente desconocidos, tal es el caso de un Villa montado en un caballo que no es el suyo. Villa está actuando para la Mutual Films en el papel de sí mismo, montando un caballo que pertenece a esta empresa cinematográfica. Es una imagen prácticamente desconocida, pero muy poderosa porque aparece Villa como Súper Star. Las secuencias fílmicas de Gabriel Figueroa ocupan otra de las salas de esta exposición, en la que también se podrán apreciar los fotogramas de su hijo Gabriel Figueroa Flores. Una sala muy especial, cuenta Morales, estará dedicada a los trabajos de Hernán Corona, fotógrafo por más de 40 años en el Hipódromo de las Américas. Corona es un hombre muy memorioso, así que vamos a incluir en la sala su voz narrando historias donde el protagonista siempre es un caballo, una carrera o un jinete, reafirmando al corcel como figura mitológica, porque sin caballo no hay posibilidad de épica. Morales agrega que también habrá una sala dedicada a imágenes de esculturas ecuestres memorables, que son símbolos de un poder caduco o de una saga que se resiste al olvido, que atestiguan desde la altura de su pedestal la vida civil de las plazas públicas, una cotidianeidad sin Cides campeadores ni Babiecas. El material fotográfico de la última sala de Corre caballo corre estará a cargo del público en general, a quien se convocará para que nos traiga las fotos que se ha tomado con los famosos caballitos de cartón, esos que se montan en lugares públicos como la Basílica de Guadalupe o Chapultepec.
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