Home Anuncios Clasificados Archivos Clubes Concursos Cursillos Disciplinas Enlaces Enseñanza Forum Federación Jinetes Noticias Razas Salud Servicios Tiendas Trivial Vacaciones Yeguadas

Una primera experiencia con el Polo

Este verano acabé trabajando de "petisera" para un equipo de polo, lo cual era totalmente nuevo para mí, ya que lo único que sabía sobre ello era que unos jinetes montados sobre sus caballitos, iban a galope tendido detrás de una bola a la que intentaban dar con unos palos largos.

Me acuerdo que el primer día, cuando llegué del aeropuerto a los establos, estaban subiendo a los ponis al camión. ¡Menudo camión! Nunca había visto uno tan grande. Le llamabamos el "Artic", y en él se podían llevar 19 caballos.
Lo segundo que me asombró fue la manera en que subían al camión los caballos. Nada que ver con lo que estoy acostumbrada, que si sube que si no sube... Éstos, plantaban al pony delante de la rampa, y éste subía y esperaba su turno para que le colocasen en su sitio.
Me presentaron a la tropa y nos dirigimos al partido que se jubaba esa tarde en Cirencester Park. No sé por qué, pero yo siempre me había imaginado los partidos de polo con un montón de audiencia, pero, en esta ocasión, unicamente eramos nuestro equipo y sus mozos, los adversarios, dos o tres familiares y para de contar.
Ese día no me tocó ayudar, se puede decir que era mi día de aprendizaje. Uno de los componentes del equipo, me intentaba explicar todas las reglas, y demás, pero si os digo la verdad, no me enteré de nada, aunque yo le decía que sí con la cabeza, no fuera a ser que que me volviese a explicar todo otra vez. Y aún ahora, que he asistido a no se cuantos partidos, sigo sin saber las reglas. Más bien, diría que no hay. La única que realmente queda clara es la de no cruzarse por la línea imaginaria que lleva la bola. Y luego algunos moviemientos del stick, cosas así, pero eso ya ni idea.

En cuanto al pony: No son muy grandes. Serán de la alzada de ponis D o de caballos pequeños. Menos dos o tres que vi, todos eran estrechitos, la mayoría provenían de Argentina. Todos tenían las crines rapadas, según me dijeron, para que no se enredasen con las riendas. La cola también la llevaban recogida, para que no se enredase con el "stick". Siempre se les montaba con vendas y, por encima de las vendas, protectores, y luego a algunos de ellos con campanas o "Professional Choice". Y ya, por último, como las canchas son de hierba, ramplones en los pies.

La cancha era enorme. Creo que entran 6 campos de futbol en una cancha, o algo así. En cada extremo de la cancha hay dos palos, como en rugby, que sirven como portería, y detrás de estos siempre están dos chavales, que se pasan ahí horas, partido tras partido, para decidir si han marcado gol o no. Si maracaban, levantaban una banderita blanca y la agitaban, y si no había sido gol, reponían la bola, más o menos por donde había salido para que continuase el juego.
También hay que comentar, que el partido se divide en varios chukkas (depende del handicap del partido) que son de 7 minutos y medio cada uno. Entre chukka y chukka hay un pequeño descanso.

Cada jinete lleva varios caballos al partido, ya que un solo caballo no sería capaz de aguantar tanto tiempo. Normalmente llevan unos 5 caballos por jinete, uno para el arbitro, y luego uno o dos de repuesto.
Dependiendo del cansancio del caballo, los cambian al acabar el chukka, o si no, si tienen oportunidad, durante el chukka. Esos eran unos de los momentos que peor lo pasaba, porque ellos venían galopando hacia a ti, y yo tenía que agarrar a los dos caballos de la manera más rápida posible mientras el jinete daba un salto desde uno hasta el otro. No sé porqué, pero nunca conseguía que ambos se quedasen quietos para poder intercambiarse sin mayor dificultad.

A medida que fue pasando el tiempo, empecé a tener que hacer más cosas, no sólo ayudar a preparar a los caballos y luego sujetarlos al lado de la cancha, ahora también tenía que montarlos. Los caballos necesitaban 40 minutos de trabajo al día, y os podéis imaginar que no daba tiempo a montar 44 ponies en un día, así que ellos lo hacían de 5 en 5. Se montaban en uno, y luego a su derecha llevaban dos, y a su izquierda otros dos, a esto le llamaban variar.
Poco a poco, también empecé a variar caballos con ellos, eso sí, no logré llevar a más de dos a mi lado. La verdad es que si te toca un caballo cómodo, es una gozada, porque echas las piernas para delante, y tu peso atrás, y vas como si fueses en un sofá.
Pero lo mal que lo pude pasar un día con uno de los que estaba montando. El caballo estaba histérico, e iba galopando con un bote enorme, así que yo botaba como un saco de patatas encima; las monturas Argentinas que usan, tenían mucho menos agarre en las piernas de lo que estoy acostumbrada (a menos que vayas con estribos longitud de salto), y entonces, entre que iba sin estribos, y el caballo botaba como un condenado.... ¡no sé ni cómo no acabé en el suelo!

La verdad es que tengo que admitir que fue una experiencia inolvidable, ¡aunque no ganásemos ningún torneo!
En mi estancia allí, fui a varios Clubes de Polo, y a algunos partidos bastante importantes. Entre los clubes que recuerdo se encuentran: Ascot, Cirencester Park, Cowdray, Guards, Inglesham, y algúno que otro más.
Si tenéis la oportunidad de asistir a algún partido os lo recomiendo, de cuantos más goles sea, mejor.

Para contactar con Euskalhorse pulsa